PalmaSana y Productividad
Contenido Editorial publicado en PalmaSana y Productiva No. 10 – Octubre de 2024.
Los cultivadores de menor escala se sumarán y serán protagonistas de primer nivel en ofrecer al mundo aceite de palma sostenible. Lograr plantaciones sostenibles requiere de varios requisitos: decisión, conocimiento, gestión y recursos económicos para hacer los ajustes necesarios, y garantizar la ejecución de buenas prácticas sociales y ambientales en las plantaciones.
El último requisito ha alejado a los palmicultores de menos de 20 hectáreas de poder ofrecer un aceite de palma sostenible. Sin embargo, esta historia sufrirá un giro de 180 grados, gracias al proyecto Palmicultura Sostenible e Inclusiva para Productores de menor escala, que empezaron a ejecutar Fedepalma y Cenipalma, con el apoyo del Fondo de Fomento Palmero, FFP, a partir de este año, con la meta de lograr al 2026 la inclusión de un amplio porcentaje de productores de menor escala en los procesos de producción de palma de aceite sostenible.
El propósito es que estos productores logren, a través del Protocolo Aceite de Palma Sostenible de Colombia, APSColombia, ser reconocidos como productores sostenibles, lo cual les permitirá acceder, en igualdad de condiciones, a los exigentes mercados nacionales e internacionales y, adicionalmente, contribuir al fortalecimiento de la imagen de origen sostenible del aceite de palma colombiano.
El proyecto apunta a llegar a más de 5.000 palmicultores de menor escala que hacen parte del Registro Nacional de Palmicultores, y vinculará tanto a quienes están incluidos en la estrategia de Planes Estratégicos de Asistencia Técnica suscritos entre Cenipalma y los núcleos palmeros, que hoy suman alrededor de 3.900, como a los palmicultores independientes, es decir aquellos que no hacen parte de estos planes y que se calcula son alrededor de 1.200. Es decir que el proyecto impactará, en su conjunto, un área superior a las 45.000 hectáreas.
Ruta de la sostenibilidad
El proyecto se desarrollará a través de la ruta de la sostenibilidad, la cual abarca cuatro componentes:
- El conocimiento del perfil socioeconómico de los productores independientes no articulados a planes operativos, tarea que se desarrollará durante el presente año, y que le permitirá a Cenipalma conocer las oportunidades organizativas y de mejora para el productor, su familia, su grupo de trabajo y su entorno, así como movilizar a los cultivadores hacia un modelo de asistencia técnica que les permita el cierre de brechas, a través de la adopción e implementación de las mejores prácticas.
- El levantamiento del Índice de Sostenibilidad, IDS, de los productores beneficiarios de los POA vigentes que aún no cuentan con el IDS, con una meta de 1.467 productores en 2024 y 1.189 independientes en 2025. Esta labor permitirá establecer la línea base en materia económica, social y ambiental del cultivo para identificar las oportunidades de mejora y posterior cierre de brechas.
- El fortalecimiento de las acciones ambientales y sociales en el manejo de las plantaciones, a partir de la medición del IDS, componentes que han demostrado tener mayores oportunidades de mejora.
- El registro, validación, verificación y certificación de los productores de aceite de palma sostenible, que se ejecutará desde ahora y hasta 2026. El requisito para dar paso a esta última etapa es que la medición del IDS sea de, por lo menos, 60 %.
Recursos y compromisos
El Proyecto se enfoca en un grupo significativo de palmicultores de menor escala, y se espera que, inicialmente, una parte considerable de ellos se inscriba, reciba validaciones y obtenga los certificados en APSColombia para el año 2024.
El apoyo del FFP es trascendental para cumplir estos objetivos, pero también el compromiso de los palmicultores beneficiarios del Proyecto en la implementación de las mejores prácticas.
Para la primera etapa, la del cierre de brechas, el FFP aportará el 50 % del costo de acompañamiento, y una cifra igual los núcleos palmeros y otros prestadores del servicio de asistencia técnica. Y para el proceso de validación, verificación y certificación en APSColombia, el FFP asumirá el 70 % del costo, mientras que los núcleos aportan lo restante. En esta última parte, la inversión del FFP es cercana a los $19.000 millones.
Durante el presente año (20249, Cenipalma con recursos del FFP está invirtiendo más de 18.000 millones para fortalecer el servicio de asistencia técnica, acompañar el cierre de brechas, el levantamiento del perfil socioeconómico y del IDS, mientras que la cifra de inversión para el Programa APSColombia, en el proceso de validación, verificación y certificación, es de cerca de $8.000 millones.
Existen numerosas exigencias legales que deben cumplirse, pero es fundamental recordar que, más allá de la certificación, un productor debe ser legal, productivo y sostenible. En este contexto y siguiendo la ruta de la sostenibilidad, los palmicultores también tendrán que hacer las inversiones que requieran sus fincas para adecuarlas a las condiciones productivas, sociales y ambientales.
Su compromiso es, entonces, implementar las mejores prácticas que les sean indicadas, a través de la asistencia técnica planificada. La meta es subir el IDS a un mínimo del 60 %, para luego poder acceder al proceso de inscripción al Protocolo APSColombia y avanzar en las otras fases, lo cual se puede hacer en forma individual o a través de un modelo organizativo: núcleos, asociaciones u otros.
Según Alcibiades Hinestroza, encargado de este proyecto desde Cenipalma, el promedio nacional de IDS en la actualidad para productores de pequeña escala, es del 47 %. El mayor avance está en el eje productivo, con 58 %; seguido por el social, con 48 %, y por el ambiental, con 37 %. Se calcula que subir esta cifra al 60 % esperado requerirá tres años de trabajo y un gran compromiso de los prestadores de asistencia técnica y de los productores en la implementación de las oportunidades de mejora.
En consonancia con el Gobierno
Si bien desde 2020, a partir de las decisiones tomadas en el Congreso Palmero, se destinaron recursos del FFP para apoyar y fortalecer el servicio de asistencia técnica planificada, para el cierre de brechas de los palmicultores de menor escala, lo que se espera hacer ahora es inyectarle velocidad al tema para que estos sean reconocidos en los mercados de aceite de palma sostenible de Colombia.
De esta forma se cumplirá con los propósitos gubernamentales de mejorar las condiciones productivas, el nivel de vida y le equidad en el acceso a mercados de los menores y medianos productores. El proyecto responde así al fortalecimiento de la productividad y a la transformación de la tierra a través del programa de reforma agraria que hace referencia a la inclusión de los productores y de modelos organizativos en los procesos productivos, según lo explica Hinestroza.
Los retos en lo social y ambiental
Para poder cerrar brechas, asegurar el cumplimiento legal y avanzar hacia la inclusión en los mercados de APS, los palmicultores deben, desde el punto de vista del compromiso con el medio ambiente, cumplir con prácticas como las siguientes:
- Cuidar el entorno natural para la conservación de la biodiversidad.
- Consolidar la estrategia de paisaje palmero biodiverso.
- Promover prácticas para la cero deforestación y conservación del suelo.
- Mitigar riesgos asociados a la contaminación ambiental y promover la gestión ambiental y la protección del recurso hídrico integral en el cultivo de la palma de aceite.
En cuanto al importante tema social, los principales retos son:
- Formalización laboral e implementación del Sistema de Gestión de Salud y Seguridad en el Trabajo.
- Contar con un adecuado relacionamiento con las comunidades y el entorno de la actividad palmera.
- Consolidar una palmicultura que promueva el desarrollo humano en todos los actores que participan en el proceso.
Utilidad de la Certificación
Las grandes utilidades de estar certificados, según la directora ejecutiva de la Corporación APSColombia, Ximena Mahecha, se pueden resumir en tres:
La primera, lograr organizar la casa, lo cual equivale para el productor a tener una mayor claridad y eficiencia del negocio lo cual repercutirá, por supuesto, en una mayor productividad.
La segunda, en adoptar desde ya los cambios que, en materia de sostenibilidad, están exigiendo los mercados internacionales y, más pronto que tarde, el nacional: “si uno llega temprano a esos cambios los vuelve una oportunidad, mientras que si llega cuando ya la competencia los está cumpliendo, será más difícil que el productor pueda ver alguna diferencia en términos de ingreso. En resumen, la diferencia está en vender o no vender; en vender barato o vender a buenos precios”.
La tercera, evitar riesgos de todo tipo, al estar al día en materia de normatividad, evita sanciones y problemas con la comunidad, sus trabajadores y/o las autoridades.
Lo mejor de todo es que cumplir para poderse certificar no es tan difícil como la mayoría de los productores de menor escala. En muchos casos, basta con documentar las prácticas que se están aplicando y, eso sí, seguir la hoja de ruta indicada por los técnicos para la priorización y el cierre de brechas.


