La sostenibilidad en las plantaciones de palma de aceite en Colombia está relacionada indudablemente de manera directa con el interés de preservar la biodiversidad en las zonas donde se desarrolla. Y dada la importancia del cuidado de esta riqueza natural, el Instituto Alexander von Humboldt, entidad colombiana orientada a la investigación científica sobre biodiversidad en el país, ha destacado algunas de las prácticas de gestión sostenible de la palmicultura nacional que ayudan al diseño de paisajes agrícolas heterogéneos con alto valor social.
En uno de los apartes del libro “Biodiversidad, Orinoquía. Estado y tendencias de la biodiversidad continental de Colombia”, el Instituto Alexander von Humboldt exaltó el trabajo en materia de preservación de la biodiversidad que ha realizado Poligrow en su finca Macondo, en los Llanos Orientales.

El reporte indica que la proliferación de los cultivos de palma en las zonas rurales de Colombia ha conllevado a una preocupación creciente debido a los riesgos socioambientales provocados por una planificación inadecuada del paisaje. Sin embargo, los investigadores del instituto comprobaron que, efectivamente, las plantaciones de palma de aceite pueden ser socioecológicamente sostenibles a largo plazo.
Para ello, la entidad de investigación resalta que es fundamental incorporar prácticas de gestión en el diseño de las plantaciones, como reforestación, implementación de barreras vivas o zonas de restauración y sucesión, las cuales pueden propiciar condiciones favorables para la fauna y la flora locales, los flujos de nutrientes, la dinámica de las plagas, los depredadores, el microclima y el agua.
Un modelo sostenible en Orinoquía
Como un ejemplo de la incorporación de valores sociales en un diseño ecológico, el libro “Biodiversidad, Orinoquía. Estado y tendencias de la biodiversidad continental de Colombia” destaca la plantación de palma de aceite de la finca Macondo, ubicada en Mapiripán (Meta), la cual fue ideada como un paisaje agrícola heterogéneo. Su terreno fue trabajado como un mosaico de palma y ecosistemas locales de sabanas y bosques riparios, para lo cual se tuvieron en cuenta tanto atributos paisajísticos como valores sociales (Figura 1).

Su diseño se basó en un mapeo de áreas de elevado valor socioecológico, el cual permitió determinar que los trabajadores perciben más valores sociales en paisajes con mayor conectividad y diversidad que en zonas más homogéneas de una plantación. En otras palabras, el estudio reportó que las condiciones ecológicas de una plantación y el bienestar de los trabajadores dependen de una adecuada composición y configuración del paisaje.

Por lo tanto, la finca Macondo, según esta publicación del Instituto Alexander von Humboldt, es un ejemplo pionero y fehaciente, no solo para los cultivos de palma sino también para otros sistemas productivos, de que los paisajes agrícolas pueden ser áreas de producción, conservación y bienestar humano al mismo tiempo.
Fruto de una ingeniosa planeación
El paisaje desarrollado en la finca Macondo ha sido producto de una planeación cuidadosa y calificada, basada en un concepto integral, cuya finalidad es lograr el mejor manejo posible de los recursos a largo plazo, minimizar los impactos negativos y asegurar la sostenibilidad social y ecológica, además de generar beneficios económicos a escala regional, local y nacional.

Los elementos previstos e integrados en el diseño del paisaje agrícola de la finca Macondo fueron:
- Control biológico. Se reservaron lugares para que los insectos, mamíferos y otros organismos benéficos se puedan reproducir y controlar las plagas.
- Alimento silvestre y agua. Se destinaron sitios para que la fauna pueda beber y encontrar alimento.
- Sombra. Factor clave para la protección de la biodiversidad.
- Formación del suelo. Algunos puntos fueron destinados para que haya mayor materia orgánica y tierra oscura.
- Descanso. Se concibieron espacios para descansar, comer o tomar agua.
- Belleza. Parajes para experimentar una sensación de bienestar.
- Avistamiento de fauna y flora. En ciertas zonas es posible encontrar fauna, flora y recursos forestales locales.
En definitiva, la finca Macondo en Mapiripán es un modelo admirable de cómo los proyectos palmeros pueden ser económicamente viables, ambientalmente apropiados y socialmente beneficiosos con un elevado y comprometido enfoque sostenible.


